Tras el arrollador paso por taquilla del drama Romper el círculo, la maquinaria de Hollywood busca exprimir el fenómeno de la autora Colleen Hoover, pero esta vez dando un volantazo radical hacia la oscuridad. Verity: La sombra de un engaño abandona el romance para sumergirnos en un thriller psicológico y sensual, apostando por un triángulo actoral de alto voltaje conformado por Anne Hathaway, Dakota Johnson y Josh Hartnett.
Lejos de ser una simple historia de superación profesional, la trama plantea un descenso a la paranoia y la ambición moralmente cuestionable. Lowen Ashleigh (Johnson), una escritora ahogada por las deudas y el bloqueo creativo, acepta el encargo de terminar la exitosa saga literaria de Verity Crawford (Hathaway), quien ha quedado postrada tras un fatídico accidente de tráfico. Al instalarse en la opulenta y aislada mansión de los Crawford para documentarse, Lowen cruza la línea de lo puramente laboral y se adentra en los rincones más oscuros de la mente de la autora.
El descubrimiento de una autobiografía inédita en el estudio de Verity cambia las reglas del juego. El texto revela perturbadoras confesiones sobre la maternidad, manipulación y la trágica muerte de sus hijas. Envuelta en la claustrofóbica atmósfera de la casa y en una creciente tensión sexual con Jeremy (Hartnett), el esposo de Verity, Lowen pierde la noción de lo que es real. La narrativa obliga al espectador a cuestionar constantemente quién es el depredador y quién la presa en este escenario de engaños mortales.
La cinta representa un audaz intento de revivir el thriller erótico que dominó los cines en la década de los noventa con clásicos como Instinto básico o El cuerpo del delito. El director Michael Showalter, lejos de suavizar el material original, ha decidido potenciar el mundo hipnótico y aterrador de la novela. Showalter defiende la inclusión frontal del erotismo como una parte intrínseca de la naturaleza fracturada de los personajes, apostando a que el público comercial actual está preparado para consumir temáticas intensas y sumamente incómodas.
Esta ambigüedad es precisamente lo que hace que la película funcione como un rompecabezas psicológico. Dakota Johnson ha revelado que la experiencia de rodaje imitaba esa búsqueda constante de la verdad, donde la brújula moral de los personajes gira sin control. Al admitir que le resulta «muy divertido interpretar a una persona desequilibrada», Johnson deja entrever que en el macabro universo de Verity, la verdadera villanía podría esconderse detrás de cualquiera de las caras de este triángulo.




